Ya lo han hecho otras veces y seguirán haciéndolo, a pesar de las tímidas protestas de nuestro Gobierno, quien cada vez tiene menos predicamento en Europa; ahí está la “crisis de los pepinos” sin ir más lejos, para demostrarlo.
A los agricultores galos –que protestan por su propia crisis- no les hace falta burlar control policial alguno y van a lo cómodo: paran y vacían los camiones destruyendo su mercancía en los lugares habituales, generalmente junto a la frontera de La Junquera, en el peaje de la autopista de Gallarques, entre Montpellier y Nimes.
Los meses de julio y agosto suelen ser los más propicios para sus fechorías. Sus colegas españoles están verdaderamente hartos y achacan la responsabilidad de los sucesos a la “ineficacia reiterada de las medidas de gestión de crisis” adoptadas por la Comisión Europea, quien no es capaz de ofrecer una respuesta comunitaria eficaz, haciendo respetar el derecho al libre tránsito de mercancías.
Nuestros productores hortofrutícolas amenazan, y con razón, con devolver la afrenta con la misma moneda. En su opinión, los galos no entienden que el problema de su particular crisis es global en la UE y “que no está ni en los camiones ni en el producto español, sino en un modelo de mercado comunitario que no está dejando salidas al campo”.
“La solución pasa por la implicación de la Administración”
Los agricultores españoles se han quejado tanto a las autoridades españolas como a las comunitarias, al igual que los han hecho los transportistas. La CETM ha solicitado al Gobierno que inste a la UE a que se impongan sanciones a los autores de estos asaltos, remitiendo sendas cartas a los ministros de Fomento y Asuntos Exteriores, en este sentido, aunque –evidentemente- sin resultados.
El otro foco de tensión está en los robos de camiones, mercancías y combustible. Constituyen una constante que va “in crescendo”, a pesar de los esfuerzos policiales. Mafias, bandas y simples rateros de toda calaña y condición se afanan por sustraer lo ajeno, empleando a veces métodos propios de películas de acción, como el asalto a camiones en plena marcha.
La información es clave para estos delincuentes, quienes conocen perfectamente el contenido de los vehículos. Es probable que los medios policiales sean exiguos o que simplemente las fuerzas de seguridad se hayan visto desbordadas por el fuere incremento de estos robos, pero lo cierto es que el transporte, una vez más, parece abandonado a su suerte y empresas y conductores se la juegan en cada porte, a pesar de las inversiones realizadas en medidas de seguridad.
Es importante denunciar cada robo, cada asalto, no sólo ante las autoridades, sino a las asociaciones provinciales y a la CETM, y hay que presionar a la Administración local, autonómica y nacional, a quienes se les debe exigir mayor firmeza, coordinación e implicación en un problema que debe tener una solución inmediata.