
Europa entra en 2026 en un contexto de recuperación moderada, desigual entre países y sectores. Las últimas previsiones de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y la OCDE convergen en una tasa de crecimiento del PIB del 1,2% en 2026 para la zona euro. Para la Unión Europea, el aumento debería ser ligeramente superior, alcanzando el 1,4% según las estimaciones de la Comisión Europea. Este crecimiento sigue siendo modesto en comparación con los años anteriores a la pandemia.
Según la OCDE, el crecimiento medio anual del PIB entre 2013 y 2019 fue del 1,9%. La desaceleración actual refleja los desafíos en curso relacionados con la inflación, las tensiones geopolíticas y la transición energética.
Las disparidades entre los Estados miembros son marcadas: se espera que Polonia y España muestren el crecimiento más dinámico (hasta el 3,5% en el caso de Polonia), mientras que Francia, Italia y Alemania seguirán rezagadas, con tasas inferiores al 1,5%.
La inflación, medida por el Índice Armonizado de Precios de Consumo, debería descender del 2,1% en 2025 al 1,9% en 2026, alcanzando así el objetivo del Banco Central Europeo del 2%. En particular, la inflación alimentaria debería reducirse de forma significativa. La tasa de desempleo debería disminuir del 6,3% en 2025 al 6,1% en 2026 en la zona euro.
Evolución de la demanda
Según el Banco Central Europeo, la demanda interna seguirá siendo el motor del crecimiento en la zona euro en 2026, apoyada por el aumento de los salarios reales y del empleo, en un contexto de mercados laborales resilientes con tasas de desempleo en mínimos históricos.
Se espera que el crecimiento del consumo de los hogares recupere cierto impulso en los próximos trimestres, con tasas de crecimiento anual en torno al 1,2% previstas para el periodo 2026-2028, lo que está en gran medida en línea con la media histórica.
Se espera que Polonia y España muestren el crecimiento más dinámico, mientras que Francia, Italia y Alemania seguirán rezagadas
Según el Banco Central Europeo, esta tendencia se verá respaldada por el aumento de la renta disponible real. Sin embargo, se espera que la tasa de ahorro siga siendo elevada debido a la mayor incertidumbre económica. La demanda de los hogares tendrá, por tanto, un efecto positivo sobre la demanda de transporte, pero en proporciones moderadas.
El gasto público adicional en infraestructuras y defensa anunciado para 2025, en particular en Alemania, así como la mejora de las condiciones de financiación derivada de las reducciones de los tipos de interés oficiales desde junio de 2024, también deberían apoyar el crecimiento.
Es probable que estos factores beneficien a la inversión empresarial, que se espera que siga aumentando en 2026-2028. Por tanto, la demanda de transporte se verá impulsada por la inversión empresarial y el gasto público, pero más a partir de 2027 que en 2026, cuando sigue predominando una cierta actitud de espera, dada la gran incertidumbre del entorno internacional.



































