Lunes, 14 Octubre 2019

    Octubre 2013 - Editorial revista Transporte Profesional

    Javier Baranda director y editor Javier Baranda director y editor Transporte Profesional

    Cuarenta y cuatro y más

    Sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, la Dirección General de Tráfico ha decidido modificar los pesos y dimensiones máximas de nuestros camiones.De convertirse en realidad esta pretensión, se incrementaría el MMA en 4 toneladas (de 40 a 44) y la altura máxima de 4 a 4,5 metros. Al parecer, Tráfico no desea quedarse "corto"  y se habla de llegar hasta los 25 metros (megatrailers con 60.000 kilos) para determinadas aplicaciones de transporte. Claro está que precisa de un informe favorable emitido por el Ministerio de Fomento. Y aquí puede estar la clave.

    Cabe recordar que hace unos años, tanto Tráfico como la Dirección General de Carreteras (Fomento), se opusieron de forma tajante a incrementar pesos y dimensiones, alegando que causaría no pocos destrozos en nuestras vías, amén de perjudicar a la seguridad vial. A fecha de hoy, las tornas han cambiado de manera radical.

    Subyacen en este controvertido asunto fuertes presiones de sectores de actividad muy potentes y con gran peso en nuestra economía, como es el caso de los fabricantes de automóviles, por poner un ejemplo. No es lo mismo transportar 10 que 12 vehículos, y si lo podemos conseguir por el mismo precio, mejor que mejor. Por su parte, las miles de empresas cargadoras integradas en la patronal AECOC, llevan tiempo realizando una labor de zapa, de lobby como se dice ahora, para conseguir el tan ansiado aumento de peso.

    Qué duda cabe, por otra parte, que la futura Ley de Unidad de Mercado e incluso la de Emprendedores, van a influir en este asunto, pues contienen un marco normativo del que el transporte está excluido, o cuando menos se ignoran sus funciones e importancia en nuestra economía. Detrás de estas leyes están los ministerios de Economía y Hacienda y, sobre todo, la poderosa e influyente Oficina Económica de Moncloa, quienes con la excusa de incrementar la competitividad y la productividad de nuestra economía (¿liberalización "salvaje"?) pueden acabar destruyendo al sector que precisamente le da soporte, porque sin transporte nada existiría.

    Técnicamente, los vehículos actuales están preparados para transportar 4 toneladas más. Sin embargo, los costes de explotación sí se disparan, tanto en consumo de combustible como en desgaste de neumáticos. Pero no hay que pensar sólo en el peso, pues la altura también cuenta. Ya no servirían muchos de los actuales semirremolques, puesto que los cargadores exigirían los 15 metros cúbicos más de volumen que legalmente podrían transportar. Y para ciertos sectores, como es el caso del transporte en cisternas o el frigorífico, supondría una  debacle absoluta.

    ¿Acaso pretende Fomento que los transportistas tengan dos flotas separadas en la misma empresa, una de 44 Tm. para recorridos nacionales y otra de 40 para tráfico internacional? Harían falta, en consecuencia, ayudas de la Administración para renovar la flota; de lo contrario, las diferencias competitivas entre los que pueden hacerlo y los que no, se agrandarían aún más.

    Sería preciso, además, modificar la normativa, la LOTT y su Reglamento, que en estos momentos se está redactando. Tampoco serviría el nuevo Baremo Sancionador y, por supuesto, habría que cambiar el Observatorio de Costes, al alza.

    A estos problemas cabe añadir sin duda el más significativo: ¿van a pagar los cargadores el exceso de peso? La opinión general es unánime: en principio, no. Ahí tenemos el ejemplo de Cataluña, un experimento que no funciona porque los cargadores no están cumpliendo sus compromisos y,  como era de esperar, los transportistas no están percibiendo –salvo contadas excepciones- ni un euro más por el incremento del peso. Las disparidades normativas (Francia acaba de implantar las 44 Tm.), indican que ahora más que nunca se debe legislar a favor de la armonización, a todos los niveles. Esta es la postura que se debe exigir: la armonización, a escala europea y, por supuesto, el protagonismo que nuestro sector merece en la toma de decisiones como ésta, de vital trascendencia.

    No podemos estar al albur del resultado de las  presiones a la Administración, por parte de los cargadores, pues seremos los paganos de esta normativa en ciernes. Ya que la Unión Europea no se pronuncia y cada país hace de su capa un sayo, es preciso negociar con premura con todos los estamentos implicados, con seriedad y rigor. El mercado no se va a estar quieto y exigirá a los transportistas las nuevas modificaciones, de inmediato. Si éstas llegaran a producirse, deberá ser bajo las condiciones que marquen las empresas de transporte. De lo contrario, nos cantarán no ya las "cuarenta" (toneladas), que ya las tenemos a un precio irrisorio, sino las "cuarenta y cuatro", y al mismo.

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    Javier Baranda

    Director y editor de la Revista Transporte Profesional, periodista de vocación y devoción llevo media vida ligado a la información sobre el transporte y el asociacionismo en especial a la CETM

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