
La primera pregunta: ¿te gusta que te llamen camionero o prefieres conductor?
“Prefiero transportista. Es como más profesional, ¿no? camionero no me disgusta, ni nada. Pero si quieres que te ubiquen más profesionalmente, pues transportista, como que es más bonito”.
Pero también eres actor, tu historia personal es impresionante, ¿qué representa un camión para ti?
“Tengo dos facetas con los camiones: de cuando era pequeñito, intentando cruzar a la península. Ahí el objetivo importante era meterme bajo un camión, y ahora, en mi vida de adulto como transportista, pues claro, al final es lo que me da de comer. Sí, es muy interesante. Mi relación con los camiones es curiosa: no he tenido ninguno, pero como si hubiera tenido camiones toda mi vida”.
¿Qué supuso representar en el teatro la obra 14,4, la historia de tu vida?
“Supuso un cambio en mí y en cómo he estado viendo mi historia yo mismo. Al final, “14.4” ha sido un poco una como una terapia, como estar con un psicólogo durante dos años seguidos. La obra me ha ayudado bastante a ver muchas cosas que, en cierto modo, no había entendido por qué me pasaban. Y también ha sido una manera de reflexionar sobre sobre mí mismo, de cómo haber venido bajo un camión, ahora ser actor y ser transportista. También me ha servido para darle mucho valor a la vida, al día a día, al conectar con uno mismo. Y a no alejarte de tu pasado, de lo que ha hecho de ti, lo que quieres hoy. Por eso, "14,4" ha sido un punto importante en mi vida. Y bueno, también me ha abierto muchas puertas, he podido tener mucha visibilidad”.
¿Cómo fue recibida la obra?
“El público abrazó la obra de una manera impresionante, cosa que a mí también me ayudó, porque empecé con muchos miedos por si la gente me fuera a juzgar. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario: fue una sorpresa que pude compartir con el público en cada escenario, en cada función. Es algo que me ha marcado, que me ha cambiado y que y que ha hecho que yo valore mucho más la historia que represento y la trayectoria de vida que he llevado a cabo”.

La historia fue escrita por Juan Diego Botto y dirigida por Sergio Pérez Mencheta, que te dirigió a distancia desde Los Ángeles por videoconferencia ¿Qué supuso para ti trabajar así de esa manera?
“Al principio pensé que no iba a pasar nada, pero a lo largo de los ensayos sí que generaba mucho estrés el hecho de que el director no estuviera allí, había que tener una comunicación bastante estricta para poder entender bien lo que el director estaba pidiendo, porque muchas veces, estábamos en medio de un ensayo y de repente, le daba un bajón (se estaba recuperando de un trasplante de médula) y había que parar. El ensayo tenía que seguir con el otro director que tenía conmigo (Óscar Martínez). Aquello generaba un poco de miedo e inseguridad, pero todo eso fue superado tanto con Óscar como con Sergio en nuestras charlas más allá del ensayo”.
¿Era la primera vez que hacías teatro?
“Así de manera tan contundente, sí. Y como protagonista, también. Yo había hecho teatro con Paco Manzanedo en una obra de teatro de José Luis de Santos, dirigido por Fernando Soto en la sala Galileo Galilei, y fue una experiencia maravillosa, pero fue un mes, éramos más actores, y yo no tenía el papel protagonista. Sin embargo, en 14,4 no había más. Era yo solo durante una hora y 45 minutos, en varios actos, y el miedo estaba ahí. Lo que pasa que el amor por lo que haces, y después de todo el trabajo que había detrás, de todo el ensayo, toda la dedicación por parte de todo el equipo me ayudó bastante y me dio muchas facilidades. Y gracias a ellos, pude aprender a concentrarme y a llevar a cabo el proyecto, y hasta que llegó un día, bueno, que salía solo un poco. Ya estaba como muy integrado en mí. Pero al principio sí que es verdad que pasaba un poco de nervios, tenía miedo a quedarme en blanco porque no había otro actor para empujarme, pero sí que es verdad que Sergio Pérez hizo como trucos conmigo y con el equipo por si me quedaba en blanco, para poder tener apoyo, claro”.
"Mi relación con los camiones es curiosa: no he tenido ninguno, pero es como si hubiera tenido camiones toda mi vida"
¿Cuándo quisiste ser actor?
“Como tal, yo nunca he querido ser actor. Sin embargo, es algo que he ido descubriendo en mí, No ha sido de un día para otro, sino que he ido haciendo cosas: estuve de figuración especial, hice cortos gratis, un montón de cosas, y poco a poco, me fui dando cuenta que era algo que me hacía sentir, que me hacía vibrar por dentro. Y eso fue generando un vicio a la actuación, y también un amor hacia la interpretación. Desde ahí empecé a escalar una especie de escalera, y subir, y ahora, ya no he subido más, estoy abajo, pero bueno, digamos que he saltado un par de escalones. Este es un mundo muy complicado. Yo no soy yo, soy inmigrante, y bueno, pues son cosas que muchas veces, digamos que hay una especie de barreras abstractas que hay ahí para un actor, para poder prosperar. Cuesta mucho más, tienes que trabajar el doble, y cuando vienes de otro sitio y no formas parte de la sociedad española, pues cuesta mucho más y hay que trabajar el doble o el triple. Muchas veces hay papeles que a lo mejor tú crees que los vas a hacer, pero, de repente, entra otro actor en juego y simplemente por el nombre que tiene o por la trayectoria, te acaban sustituyendo. A mí eso me pasa muchas veces, pero bueno, ya está, al final yo no quise ser actor por los demás actores, ni por los trabajos, sino por el amor y el respeto que tengo a la interpretación”.
¿Y cuándo quisiste ser transportista?
“Te diría desde que me empecé a meter debajo de los camiones de pequeño, ¿no? Yo veía esos camioneros ingleses que venían a Marruecos y que tenían los papeles para cruzar. Y muchas veces decía “si yo llevase un camión…”. Fíjate cómo es la vida que, años después, me dedico a lo mismo, ¿no? Al reparto de mercancía, al transporte nacional, y, bueno, muy contento, la verdad que muy contento ver que la misma cosa que me ayudó a cruzar el estrecho ahora me está ayudando a sobrevivir, ¿no? O sea, que el transporte también es un es un sector muy agradecido y, en mi caso, pues más agradecido, imposible”.

¿Cómo te las arreglas para compaginar los trabajos?
“Bueno, yo trabajo bastante en una empresa que está en Mercamadrid, que es a lo que me dedico cuando no estoy trabajando como actor: llamo a José Escolante, que es el responsable de la empresa, le pido trabajo y la verdad que nunca me dice que no. Es alguien que confía en mí, y la verdad que siempre que me da trabajo cuando no estoy haciendo teatro, cine ni tele, pues vengo a Transportes Innovalogic y tengo las puertas abiertas”.
Ahora que faltan tantos conductores, ¿te planteas dedicarte al 100 por 100 al transporte?
“Si, me gustaría dedicarme al 100 por 100. Lo que pasa que es un mundo también muy complejo, porque, bueno, soy una persona que no tengo muchos recursos y he intentado comprar un vehículo, pero siempre me encuentro con barreras. Pero sí, me parece un sector bastante agradecido, y que, si es serio y responsable, se puede avanzar en la vida ¿no? a través del transporte y demostrando las capacidades que tiene uno”.
¿Qué es lo que más te gusta de la actuación?
“El que cada día se actúa en un sitio distinto. El que muchísima gente pueda disfrutar de mi experiencia, de mi actuación, Y, bueno, y también creas que no, eso de que te paren por la calle y te pidan una foto, pues también mola. Y luego los contactos que haces, la gente maravillosa que conoces en el mundillo, que eso también es otra parte importante. Porque es necesario conocer a los compañeros, a las compañeras. A lo largo de mi trayectoria, la gente que he conocido es gente maravillosa, gente que me ha aportado muchísimo, gente de la que he podido aprender, incluso gente que se ha dedicado a ayudarme sin pedir nada a cambio”.
¿Y del transporte?
“Del transporte lo que más me gusta es poder viajar. Yo soy una persona muy nerviosa. Me encanta conducir y me gusta hacer transporte nacional. Cuando cojo un furgón, lo que hago es transporte nacional urgente, frigorífico. Ahora quiero conseguir una furgoneta frigorífica, pero necesito alguien que me quiera financiar. Pero, si pudiera tener la oportunidad de volver a tener un vehículo, me dedicaría a hacer transporte urgente, que es lo que me gusta. Aunque cueste entenderlo, me gusta que me llamen a las cuatro de la mañana y me digan “tienes que irte a Barcelona”. Entonces, a mí eso me estimula. Yo me levanto, me ducho, y minutos después estoy en la carretera”.
Y ahora ¿qué planes tienes para el futuro?
“Ahora mismo estoy escribiendo un monólogo, tiene que ver con el mundo del transporte y con los niños de la calle. Estoy intentando crear un proyecto para pedir financiación para poder sacarlo adelante, a ver si tengo la oportunidad de quien pueda avalarme, pueda sacar un vehículo y poder trabajar y hacer cosas”.
¿Sigues compaginando el transporte?
“Sí. De hecho, el monólogo es a largo plazo, y con el chat GPT estoy creando un proyecto de transporte para poder presentarlo en entidades bancarias o en empresas que puedan tener la intención o la capacidad económica de aportar o echarme una mano para seguir adelante”.
¿Cómo ves el futuro de la profesión de conductor en España?
“Yo lo veo bien. A ver, estaría bien mejorar, ir mejorando las condiciones poco a poco por parte de las empresas. Pero yo no la veo una profesión mala, creo que es una profesión donde uno puede comer, es una profesión muy agradecida también, porque hay mucho trabajo, la mayoría de las empresas son legales, se portan bien conmigo. Creo que es un sector que está muy desaprovechado por mucha gente”.
"Estoy contento de ver que la misma cosa que me ayudó a cruzar el estrecho me está ayudando a sobrevivir"
La juventud no tiene muchos intereses en ella…
“Pues me parece mal, porque se necesitan transportistas y hay muchos chavales que tienen mucho tiempo libre. También es verdad que habría que facilitar su acceso. Esto de comprar un furgón, por ejemplo: en cuanto entro en el banco ya me echan. Pues si eso les pasa a muchos chavales, pues es más complicado. Entonces, cuando chocas con esas barreras de querer trabajar, tener un proyecto de empresa, pero no poder llevarlo a cabo porque no hay quién te avale, no tienes dinero y nadie confía en ti, al final te acabas dedicando a otra cosa. Te da rabia, pero no tienes otra. Yo abogaría por dar unas facilidades dentro del sector y que las empresas también ayuden a poner facilidades a la gente que quiera dedicarse a esto, a la gente que viene de nuevas, o incluso gente que se dedica a este mundo, pero no tiene capacidad de ser autónomo”.
¿Tienes un plan B?
“Claro, como actor siempre debes tener un plan B, porque te llaman hoy y puedes estar en tu casa 10, 15 años, hasta que te vuelvan a llamar. Sucede con muchos actores que los ves con 18 años en una serie y luego ya no lo ves hasta los 50. Esta es una profesión muy inestable, de ahí la necesidad de tener siempre un oficio de manera paralela para poder comer, porque hay que pagar un alquiler, tengo un hijo, un perrito, y todo eso hay que mantenerlo. Y la interpretación a veces te ayuda, pero otras veces te abandona un poco como actor. Que eso es algo que me genera mucha tristeza, pero bueno, hay que seguir luchando para que no pase y para que los futuros actores o futuras actrices, inmigrantes que quieran dedicarse a la interpretación lo puedan tener más fácil”.
Doble profesión
Ahmed (1990, Marruecos) estudió en la escuela de Cristina Rota la carrera de Interpretación y Arte Dramático, donde también fue becado. Allí conoció a Juan Diego Botto y Sergio Peris Mencheta (Cristina Rota es la madre de Juan Diego Botto), donde no sólo aprendió el oficio de actor, sino que trabajó como responsable de mantenimiento de la propia escuela. Ahmed trabajaba y estudiaba, y cobraba por su trabajo: “Fue una época muy feliz donde aprendí muchas cosas, donde conecté con gente con la que nunca pensé que podría conectar”.
La obra 14,4, escrita por Juan Diego y dirigida por Sergio, va sobre su propia vida: 14,4 son los kilómetros que separan la ciudad marroquí de Tánger de Algeciras, los mismos que pasó escondido en un camión para poder cruzar la frontera y llegar a España, donde comenzó una nueva vida siendo un niño.


































