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Enero 2026 – Editorial Transporte Profesional

Saúl Camero, director de Transporte Profesional Saúl Camero, director de Transporte Profesional Editorial

Cuando la protesta se convierte en frontera

Las movilizaciones de los ganaderos y agricultores franceses han vuelto a colocar al transporte profesional en el centro de una tormenta que no ha provocado, pero que vuelve a padecer en primera línea.

Los cortes de carretera registrados en los grandes ejes de comunicación del país vecino -y en los últimos días en vías de nuestro país- no son una anécdota ni un episodio aislado: forman parte de una secuencia que se repite cada cierto tiempo y que convierte a la red viaria francesa en una frontera interior improvisada, con consecuencias directas para miles de empresas y conductores de toda Europa, pero especialmente para los españoles.

Para el transporte español, Francia es un paso obligado. Es el corredor natural hacia el centro y el norte del continente, la arteria por la que circulan a diario alimentos, productos industriales, materias primas y bienes de consumo. Cuando esa arteria se bloquea, el impacto es inmediato.

Camiones detenidos durante horas o días, mercancías perecederas en riesgo, entregas incumplidas, penalizaciones contractuales y sobrecostes que rara vez se recuperan. Todo ello sin que exista una responsabilidad clara ni mecanismos automáticos de compensación.

En CETM desde luego lo tienen claro: “el transporte de mercancías por carretera no puede seguir siendo invisible cuando se ve atacado, ni puede ser tratado como un daño colateral asumible”

En cualquier caso, el derecho a la protesta es incuestionable y las reivindicaciones del sector ganadero y agrario merecen ser escuchadas. Precios insuficientes, competencia internacional, exigencias medioambientales o burocracia excesiva son problemas reales. Pero una cosa es visibilizar un conflicto y otra muy distinta es paralizar de forma sistemática la libre circulación de mercancías. Cuando la protesta se traduce en el bloqueo de carreteras, el equilibrio entre derechos se rompe y el transporte se convierte en rehén por circunstancias ajenas a su actividad.

Lo más preocupante no es solo el perjuicio económico, sino la sensación de indefensión que se instala en el sector del transporrte. Falta información en tiempo real, alternativas viables y, sobre todo, una actuación contundente y coordinada por parte de las autoridades, especialmente la francesa y la europea. Los desvíos improvisados y los comunicados genéricos llegan tarde, cuando el camión ya está parado y el conductor lleva horas esperando instrucciones en la cabina.

Esta situación pone de manifiesto una desigualdad de trato difícil de justificar. La carretera sigue siendo el modo de transporte más expuesto y el menos protegido frente a los conflictos sociales. Se da por hecho que el camión puede esperar, que el transportista puede asumir el sobrecoste y que el conductor puede estirar su jornada, aunque la normativa de tiempos de conducción y descanso diga lo contrario, o aunque esta se flexibilice ante el clamor del sector.

Europa no puede permitirse que uno de los pilares de su mercado único funcione de manera intermitente

La libre circulación no debe quedar supeditada a la repetición cíclica de bloqueos sin consecuencias. Si la Unión Europea aspira a ser algo más que una suma de buenas intenciones, debe demostrarlo precisamente en estos momentos. Son necesarios protocolos claros, corredores garantizados, protección efectiva de los conductores, los vehículos y sus mercancías, con respuestas rápidas que eviten que miles de camiones queden atrapados en tierra de nadie.

No se trata de enfrentar sectores ni de cuestionar reivindicaciones legítimas. Se trata de evitar que el transporte profesional pague siempre la factura de conflictos ajenos

Normalizar los cortes de carretera como herramienta de presión es aceptar que la logística europea es frágil y que el camión es prescindible. Y no lo es. Cuando se detienen los camiones, no solo se para el tráfico: se ralentiza la economía, se rompen las cadenas de suministro y se resiente el funcionamiento diario de la sociedad. Mantener las carreteras abiertas no es una concesión al transporte; es una obligación con Europa. Porque sin circulación, no hay mercado único. Y sin camiones en ruta, Europa, sencillamente, se detiene.

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Saúl Camero

Periodista con 25 años de experiencia en el ámbito del transporte de mercancías por carretera, es director de la revista Transporte Profesional desde marzo de 2020.

Además, también es especialista en vehículos comerciales y todo lo relacionado con el mundo “furgonetero”: pruebas, comparativas, técnica, etc.

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