Esta es una de las principales conclusiones del estudio ‘Fármacos y Conducción’, elaborado por Fundación Mapfre y Fundación Bidafarma, en colaboración con la Dirección General de Tráfico (DGT), el Consejo General de Colegios Farmacéuticos y a través de la consultora Salvetti Llombart. El objetivo del documento es explorar en profundidad el nivel de conocimiento y de concienciación de la población sobre la conducción bajo los efectos de la medicación, así como analizar sus percepciones y reacciones ante los posibles riesgos asociados.
Los expertos en el tema ponen el acento en la necesidad de seguir sensibilizando sobre el impacto de los fármacos en la conducción, reforzando la concienciación sobre un riesgo todavía poco integrado en los hábitos preventivos de los conductores, más aún teniendo en cuenta que tres de cada cuatro conductores habituales (75%) han tomado medicación que pueda afectar a la conducción en los últimos tres años.
“Los medicamentos se asocian a mejoras en la salud, al ser prescritos por profesionales médicos, lo que puede reducir la percepción de riesgo de su impacto en la capacidad en la conducción o de existencia de efectos adversos. Esa menor percepción del riesgo puede ser mayor en el caso de productos sin receta o productos naturales. Muchos conductores no identifican el riesgo o piensan que pueden compensar los efectos de la medicación al volante. Ese desconocimiento y esa falsa sensación de control es, precisamente, uno de los principales problemas que revela este estudio”, ha destacado Eva Arranz, médico de Fundación Mapfre.
“Es importante consultar con el profesional sanitario el efecto que la medicación puede causar en la conducción. Si necesita conducir consulte con su médico para tomar las medidas adecuadas sin abandonar el tratamiento”, ha subrayado también la doctora de la Fundación.
El riesgo que los conductores no ven
El estudio alerta de que los efectos secundarios de los fármacos aún no preocupan a los conductores antes de ponerse al volante, pese a que pueden afectar a la atención, los reflejos y la capacidad de reacción. De hecho, revela una importante contradicción entre lo que los conductores saben y lo que realmente hacen. Al preguntarles sobre cómo sitúan el nivel de riesgo del consumo de medicamentos, lo puntúan con un 6,9 sobre nueve puntos, y el 83% considera que los medicamentos pueden representar un riesgo alto para la conducción.
Sin embargo, a la hora de valorar las situaciones en las que se extrema la precaución, sólo el 26% afirma hacerlo cuando toma medicación, y solo un 3% lo menciona de paso, lo que implica que no está incorporado dentro del denominado "check mental" que activa las conductas preventivas antes de conducir.
En cambio, situaciones como la lluvia (72%), la conducción nocturna (60%) o el cansancio (53%) generan elevados niveles de alerta entre los conductores.
Una falsa sensación de control
La investigación identifica una elevada confianza de los conductores en su propia capacidad para evaluar los efectos de los medicamentos. De hecho, el 61% de todos los conductores medicados declara que su medicación no afecta o afecta poco a su capacidad de conducción (una cifra que aumenta al 73% en el caso de los que, además de tomar medicación, decide seguir conduciendo bajo los efectos de los fármacos), algo que, a priori, es difícil de afirmar puesto que algunos síntomas o efectos secundarios pueden ser difíciles de percibir.
Si se analizan los resultados de los encuestados que conducen y toman fármacos, la mitad (49%) reconoce haber notado síntomas tras tomar la medicación como somnolencia, fatiga, disminución de reflejos, menor atención o capacidad de reacción más lenta.
Sin embargo, la respuesta más habitual no es dejar de conducir, sino adaptar la conducción reduciendo la velocidad o extremando precauciones.