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    Abril 2017 - Editorial revista Transporte Profesional

    Javier Baranda Javier Baranda Editorial

    Cargadores…

    Un año más, la principal asociación de cargadores del país, AECOC, reunió en su ya conocido Foro a la flor y nata de las empresas que a diario contratan los servicios de transporte, así como a un nutrido grupo de empresarios de nuestro sector. El tema o mejor dicho, el problema de fondo, ya es recurrente, porque no se trata de otra cosa que del incremento del peso o de la Masa Máxima Autorizada (MMA) de los vehículos, hasta las 44 toneladas. Y las palabras o los conceptos "clave" que subyacen en esta pretensión de los cargadores no son otros que la productividad y la competitividad.

    El debate no sería estéril, sino todo lo contrario, si en un hipotético proceso serio de negociación fuera posible alcanzar un acuerdo, sin letra pequeña ni tapujos ni engaños, que beneficiara a ambas partes, con luz y taquígrafos y compromisos por escrito capaces de hacerse cumplir hasta en el último rincón de nuestra geografía, sin condiciones especiales de ningún tipo. ¿Acaso estoy blandiendo la bandera de la utopía? Bien podría ser. Pero hablemos claro. Más allá de las buenas intenciones reflejadas en este último foro por parte de los directivos de esta organización y de reconocidos representantes de grandes empresas cargadoras, en el sentido de "trabajar de forma conjunta" para crecer, mejorar procesos y conseguir una mayor productividad, hemos visto y oído otras opiniones. En primer lugar, el convencimiento de los cargadores de que tarde o temprano conseguirán su anhelado objetivo (¿existe, quizás, alguna promesa al respecto, por parte de los poderes públicos, que desconozcamos?), sin mencionar contrapartidas claras para el proveedor, el transportista.

    Es verdad que alguien de Aecoc ha enunciado eso de "repartirnos el beneficio", pero quizás con la boca pequeña. Está muy bien, por otra parte, lo de pasar el testigo de la responsabilidad al transportista, en aras a conseguir la sostenibilidad (ese concepto tan de moda) y la mejora del medioambiente, pero poco se habla de los tenders, de las largas esperas en la carga y descarga, de los dilatados plazos de pago y de la cada vez  -por estas y otras cuestiones colaterales- más exigua productividad y menor rentabilidad del negocio del transporte. Estas cuestiones son no ya importantes, sino vitales, de forma que constituyen claros condicionantes a la hora de establecer la antes señalada negociación, un inicio o principio de acuerdo global. Es por ello que algunos transportistas se sintieron molestos cuando se achacó la culpa de un porcentaje nada desdeñable de las esperas (un 20% nada menos) a que son los vehículos los culpables de los retrasos, "al presentarse una o dos horas antes del tiempo señalado" en las instalaciones del cargador. Evidentemente, a algunos esto del transporte debe parecerles un trabajo de otra galaxia que ni entienden ni quieren entender; sin palabras.

    Son ya muchos los disgustos o los "palos" que el transporte ha recibido en sus espaldas como para no temer que el beneficio que sin duda puede generar el incremento de la oferta de transporte en 4 toneladas, no se reparta como sería deseable. De ahí que el sector esté más que escaldado de la posición de dominio que vienen ejerciendo sus clientes, los cargadores y pretenda que si en verdad se apuesta por continuar las maltrechas negociaciones (las famosas "cinco mesas"), se haga sin que en el proceso final aparezcan los letreros de "vencedores" y "vencidos". Para ello es preciso utilizar el sentido común, porque al fin y al cabo las dos partes deberían estar condenadas a entenderse, pues forman parte de un tejido empresarial que se necesita, y por ende, salir igualmente beneficiadas. Eso sí, como apuntó el presidente de Conetrans, Carmelo González, quien fue presentado como vocal del Comité Nacional del Transporte por Carretera, "seremos duros y beligerantes" en las negociaciones, pero también habrá un claro sentido de la racionalidad y de la responsabilidad en las mismas, del que por cierto, el sector ya ha dado sobradas muestras; ahora, la pelota está en otro tejado. Mucho tendrían que cambiar las cosas para que se produzca un “suicidio”. Que a nadie le quepa duda de que el sector no está por esta labor.

    …Y estibadores

    Hemos viajado a Algeciras, el tercer puerto de Europa, para constatar de qué manera ha vivido (todavía “colea”) el transporte el conflicto de los estibadores. Miles de camiones y miles de horas de espera, amén de numerosas sanciones, con cientos de miles de euros en pérdidas. Daños colaterales que, una vez más, salpican al transporte de mercancías por carretera, por un chantaje que nuestros políticos son incapaces de cercenar. En nuestro reportaje “En Portada” tiene el lector las claves.

     

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