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Enero 2017 - Editorial revista Transporte Profesional

Javier Baranda Javier Baranda Editorial

¿Hacia una nueva etapa en el transporte?

A simple vista, parece que nada ha cambiado; nada más lejos de la realidad. Es cierto que el transporte de mercancías por carretera sigue, aparentemente, su curso.

La prueba está en los resultados del pasado año que, en gran medida, son similares o quizás un poco peores que los del ejercicio anterior.

Persiste la falta de rentabilidad, los márgenes son cada vez más exiguos, continúan subiendo los costes y derrumbándose los precios, a pesar de que el nivel de actividad casi ha ido parejo en los dos ejercicios precedentes. Sin embargo, las ventas de camiones y semirremolques se han disparado de tal forma que algunos ya las califican de desorbitadas. Según nuestros datos, la mayoría de las compras se han realizado para renovar la flota, pero una parte nada desdeñable de las mismas ha tenido como destino la ampliación.

Está claro que la crisis aún no ha sido arrinconada, y que la incertidumbre planea sobre todos los ámbitos socioeconómicos del país, el transporte entre ellos, aunque hemos aprendido a convivir con ella. Estamos en un “valle” y confiemos en que no haya que subir otra vez la cresta de la montaña, porque sería aún más duro y posiblemente letal para nuestros intereses.

Pero en este año que acaba de finalizar tenemos nuevos datos sobre el comportamiento del mercado, que es preciso analizar. Debido a las nuevas fórmulas de comercialización, como el auge del comercio electrónico (el Black Friday es solo un ejemplo), se han producido más “puntas” y “valles” de trabajo que nunca. El stock o el almacén de las mercancías está prácticamente en los camiones.

Los fabricantes y, por ende, los cargadores, demandan mayor flexibilidad y urgencia (“lo quiero para ayer”) en la distribución; aprietan más en los horarios que les convienen, se intensifican las horas de espera en la carga y descarga, se hacen más kilómetros en vacío y, en definitiva, se reduce drásticamente la productividad, porque cada día es más difícil hacer una mínima y adecuada programación del trabajo y los medios de transporte de que se disponen. Y esto afecta también a la multimodalidad, a la combinación de la carretera con el barco y el tren, según los expertos.

El transporte internacional no le va a la zaga a las exigencias de nuestro transporte “nacional”. Además de la falta absoluta de una política europea común de transportes, se intensifican las trabas burocráticas por las veleidades normativas de algunos países (salario mínimo, etc.), de forma que los costes se acrecientan y cada vez es más complicado viajar por Europa. A esto se añade la proliferación de las “empresas-buzón”, cuya agresividad va en aumento; la fuerte competencia de grandes flotas procedentes de los países del Este (los “frigos” la padecen) y hasta los viajes en vacío para cargar mercancías con destino a España, debido a la deslocalización de la industria (la química, sobre todo) que afecta a los transportistas dedicados a las “cisternas”.

De otro lado, los retos que nos esperan para el presente año con un nuevo Gobierno que parece tentado a “jugar” al bipartidismo van a exigir una sobredosis de trabajo por parte de las asociaciones de transportistas, pues todo indica que se avecinan nuevos impuestos y tasas (la del túnel de Echegárate es el primer ejemplo, pero persiste la amenaza de la Euroviñeta y la subida de los combustibles); la posibilidad de que se suspenda la normativa sobre el acceso al mercado (los “tres vehículos”, ¿recuerdan?); la modificación del Reglamento de la LOTT o la probabilidad de incrementar la MMA hasta las 44 toneladas, por citar algunos ejemplos.

Ante la incertidumbre política, el sector demanda un Gobierno estable, lo que pasaría por la firma de un gran pacto entre los diferentes partidos mayoritarios, de modo que el ciudadano tenga una idea clara de las prioridades, del camino a seguir durante los próximos cuatro años. No obstante, el nuevo ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, ya ha avanzado una hoja de ruta que pretende potenciar las infraestructuras e impulsar las cadenas logísticas, poniendo en valor el tráfico de mercancías, con un gran acuerdo nacional. Veremos.

Mientras tanto, la nueva etapa del transporte pasaría también por ser más competitivos y productivos y por alcanzar acuerdos de colaboración entre transportistas, sin obviar la posibilidad de las fusiones. No es el momento de estar solos, cuando la industria y el comercio aprietan en sus demandas.

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Javier Baranda

Director y editor de la Revista Transporte Profesional, periodista de vocación y devoción llevo media vida ligado a la información sobre el transporte y el asociacionismo en especial a la CETM

https://www.transporteprofesional.es/opinion/editorial-revista

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